20 septiembre, 2019

Revista feminista y popular

Notas

8 mayo, 2017

“Todos tenemos derecho a amar, ser amados y tener hijos, sin importar nuestra condición”

Por Pablo Bassi

Hace cuatro años pude entrevistarla en persona. Vivía en una casa muy humilde de Ezpeleta. No estaba bien. La suya es una gran historia de vida. “Todos tenemos derecho a amar, ser amados y tener hijos, sin importar nuestra condición”, fue el título de la nota que, quizás, haya sido la última.

Semanas atrás, la jueza porteña ELENA LIBERATORI ordenó a la ciudad otorgar un subsidio extraordinario equivalente a un salario mínimo a cinco mujeres transexuales por haber sido segregadas durante años. Entre ellas se encontraba MARIELA MUÑOZ, aquella madre que en los ’90 circulaba por los canales de televisión pidiendo que la Justicia devuelva a sus hijos adoptivos.

El amparo sobre el que se expidió Liberatori fue impulsado por la Mesa Nacional por la Igualdad, una organización que nuclea a entidades defensoras de los derechos de las minorías sexuales. A ellos acudimos para contactar a Mariela, quien casi ha desaparecido de la escena mediática después del raid de 1993, cuando fue detenida acusada de sustraer tres menores.

Mariela vive en un barrio de clase media baja de Ezpeleta, de poco tránsito, a 20 cuadras de la estación de trenes. Nos espera en su casa humilde de fachada rosa que sostiene por sobre la ventana a un Sagrado Corazón. La puerta está abierta y ni bien asomamos sale Isqui, una perrita vieja que la acompaña.

Está sentada y nos invita a pasar, pero no se levanta a saludarnos. Se presenta también Jorge, un amigo, y ella asegura no tener miedo a mantener la puerta de par en par, pese “a la banda de la esquina”. Nos acomodamos alrededor de la mesa de un comedor que sólo cuenta, además, con una cajonera. Vemos colgado un certificado de su labor en el Ministerio del Interior en 1998 y algunas fotos suyas con niños, otras de niños solos y un fotomontaje de su rostro junto con el de un policía uniformado.

Traslada su mirada despacio, habla bajo y lento, con la dificultad propia de quien ha sufrido más de un accidente cerebro vascular en el último tiempo, y que la obliga a hacer kinesiología tres veces por semana.

-Hace poco leímos que el gobierno de la ciudad va a repararla económicamente.
Sí, pero ahora se niega, porque dice que es un subsidio que le corresponde pagar a la Nación. Sería muy bueno que salga porque estamos todas en la lona y no tenemos de qué vivir. Una de las chicas se está muriendo de cáncer. Yo por ejemplo tengo una pensión de ama de casa, una jubilación mínima, pero es muy poca plata y los precios aumentan todos los días. Esta es la casa de mi mamá, porque ni casa tengo. Vivo al tira y afloje. Pero la gente es indolente: no le importa el otro

-Decía también que sufrió un ACV, que no puede escuchar y ver bien.
El año pasado tuve tres ACV y ahora estoy en recuperación. No puedo caminar más de cuatro cuadras, porque me puedo caer. Sólo puedo cocinarme cosas simples. Si no hay alguien en casa, no como. No puedo limpiar. Quedé inútil

-Una injusticia, para quien tanto hizo por otros.
Hice mucho trabajo social: crié 21 hijos no biológicos, abrí comedores, un hogar de niños para madres solteras. Por todo eso se me reconoce y soy merecedora, me parece, del subsidio. También trabajé en el INADI

-¿Intentó ser candidata justicialista a concejal y diputada provincial, no?
Sí, pero te ponen palos en la rueda. No te dejan llegar

-¿Cómo es hoy un día en su vida?
Me la paso sentada acá o afuera. Atiendo algunos clientes que vienen, pero no como antes, que llegaban 40 ó 50 personas. Hago parapsicología, tiro cartas. Antes viajaba a La Plata o a Capital. Ahora ya no puedo ni moverme. Más vale no vivir así. Para cada lado que tengo que ir salgo acompañada

-¿Y su familia?
Estoy abandonada por mi familia de sangre. Mi hermano Luis me abandonó totalmente, y eso que la Iglesia mormona lo manda a garantizarme el pan de cada día. Pero él no me trae un peso ni para comer

-¿Sus hijos la ayudan?
Como todos los hijos, desaparecieron. Algunos vienen un rato cada tanto y se van

-¿Algunas veces se juntan todos a comer?
Es difícil, porque uno vive en Entre Ríos, otros en Mendoza. A veces nos juntamos cuatro o cinco. Pero ellos no van a salir más en la prensa. Se cansaron de defenderme, por nada

-¿Cuándo se fue el último de casa?
En el ‘94

-¿Quién le da una mano, todos los días?
Hay una chica que a veces viene. O este hombre, Jorge, que también me ayuda

-¿Dónde nació, Mariela?
En Tucumán y vine cuando tenía meses a Buenos Aires. Soy la primera mujer que adoptó tantos hijos. En el litigio del ’93, cuando se llevaron a mis chicos, ellos estaban perfectamente bien, con una sexualidad definida. Jamás se me ocurrió tocar a uno de ellos para corromperlo

-¿Quién la había denunciado?
La mamá de una de las nenas, LILIANA MONTEAGUDO. Ella en realidad quería mi auto a cambio de devolverle a la nena. También me denunció la mamá de los mellizos, Magdalena. A Liliana le cayó años después la justicia divina y murió de SIDA

-¿Por qué le encargaron a sus hijos?
No podían criarlos; tenían que ocultarlos

-¿Cómo terminó esa causa?
Me los sacaron

-¿Qué la motivó a criar más de 20 chicos?
Tener una familia. Toda mujer se realiza con una familia e hijos. A algunas les va bien y a otras mal. Yo conozca algunas que tuvieron hijos de vientre y luego fueron abandonadas por ellos. Llegué a criar a un chico de 14 años que sufría epilepsia por el abandono materno. Conmigo se curó solo

-¿Llegaron a vivir todos bajo el mismo techo?
Los 20 no. Llegamos a vivir juntos 13 ó 14

-¿Los crió en pareja?
Sola. Nunca necesité de un hombre para darles de comer ni para que me mantenga. Siempre fui temerosa de que en mi casa un hombre los viole o les falte el respeto. Muchas de mis hijas, antes, habían sido violadas cuando eran chicas. Por eso preferí criarlos sola

-Hace falta plata para criar 20 criaturas…
Sí, pero nosotros sembrábamos, nos regalaban el pan, recibíamos ayuda. Y todos fueron al colegio. Hoy tengo un hijo que es pastor de la iglesia y otra que es jefa de enfermería

-¿Cómo es criar tantos hijos que no son biológicamente propios?
Los empezás a querer

-¿A qué edad adoptó el primero?
A los 30, a una nena de cuatro años

-¿Le costó explicarles su transexualidad?
Ellos nunca supieron nada de mi boca y cuando fueron grandes tampoco preguntaron. Siempre hubo mucho respeto. Se enteraron cuando sucedió lo de la causa de menores, por la tele. Pero entonces tampoco preguntaron

-¿Cuándo descubrió que era mujer?
Siempre fui mujer, porque la genitalidad no hace al sexo. Una se siente distinta porque hay un órgano que no le corresponde. Pero a los seis años caí en la cuenta. Me gustaba vivir como nena: por ejemplo, llevaba el guardapolvo ajustado. En los ’80 me intervine quirúrgicamente en Chile, porque durante la adolescencia había sufrido mucho por no poder hacer ciertas cosas

-¿De qué trabajaba?
De parasicóloga. Nunca me prostituí, porque no me gusta la prostitución

-¿Es consciente de haber instalado los temas de la adopción e identidad en minorías sexuales?
Sí, e incluso en el mundo. Recorrí Europa y Estados Unidos difundiendo mi caso. Un director de teatro argentino llevó mi historia a Suiza. E hice muchas cosas anónimas. Muchos proyectos de ley vinculados con la adopción y la identidad sexual, que luego otras personas con acceso y contactos impulsaron

-¿Cómo la trató, antes y durante la irrupción mediática, una sociedad que entonces era más conservadora que hoy?
La gente siempre me aceptó, y el periodismo también, porque supieron reconocer mi labor de madre

-¿Qué perspectivas abre la ley de matrimonio igualitario?
Cuesta todavía un perú la adopción. Hay muchas trabas, cuando en realidad los que violan a los chicos son los heterosexuales, no los gays

-¿Le parece que de todos modos es un avance?
Es importante, porque todos tienen derecho a amar, ser amados y tener hijos, sin importar su condición. Lo importante es ser buena persona, garantizar el estudio de los chicos

-¿Qué balance hace de su lucha hasta hoy?
Es una experiencia de amor a la gente, de preocupación por los que menos tienen. Yo he conseguido chapas, maderas, mercadería para los que la necesitaban. Tengo fotos por ahí

-¿Está en pareja?
No, para qué. Las parejas te matan, te golpean

-¿Hace mucho que no está en pareja?
Estuve con un subcomisario que me abandonó hace ocho años por ser vieja. Ahora él tiene 45 y yo 70. Es el único que quise y quiero. Por más que él no me quiera, yo no lo he dejado de querer. Soy mujer de un solo hombre. Es aquel, el de la foto

-¿Fue su gran amor?
Si. Vivimos juntos once años. Pero no puedo pensar mucho en él. Me hace mal

La ayudamos a levantarse, acomodar su pelo, recostarse sobre el marco de la puerta de entrada para fotografiarla. Mariela calza zapatillas, un pantalón largo blanco y negro a rayas verticales, y un suéter de hilo blanco. Mira la cámara, posa. Parece gustarle.
Nos vamos, y ella ya no entra. Se sienta junto a Isqui sobre un tronco bajo el sol de la media mañana “a ver si consigue novio”, y nos despide con picardía.

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