20 septiembre, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

28 marzo, 2017

ESTAMOS MÁS VIVAS Y MÁS FUERTES

Por María del Rosario García

Cierro los ojos y vuelvo, me transporto. Estoy en la calle, con mis compañeras, ansiosa y expectante. Es nuestro día, nuestro momento, las mujeres estamos a punto de escribir un nuevo capítulo en la historia.

Veo rostros, muchos. Tan distintos e iguales que representan las ganas, la fuerza, la garra, la solidaridad y la sororidad de éste otro género, “el débil”, “el inferior”, pero que se organiza y sale a la calle, por los derechos de todas. Mujeres, tomando las riendas de nuestro futuro.

La marcha comienza. Los cantos también. En un mismo rugido nos expresábamos. La tierra vibraba a cada paso y con cada grito que salía de nuestra garganta. Hubo cantos para todos y todas. Para aquellxs que llenaron su boca hablando de “ni una menos” pero permanecieron muchos años en las sombras mientras que el aborto seguía siendo ilegal y las mujeres seguíamos muriendo. Hubo cantos para el gobierno que hace oídos sordos a nuestro grito y nos mata con su ignorancia. ¿Las mujeres de Cambiemos sienten la causa? ¿Acaso no la sufren o sufrieron alguna vez? No les duele el alma o simbólicamente el útero cuando escuchan el relato desgarrador de una víctima de violación? No conocemos la respuesta pero en la marcha no están. Al menos no para nosotras, para defendernos y representarnos. Nos siguen violando. Seguimos muriendo.

Hubo cantos para los medios que nos cosifican y para la justicia que defiende femicidas. Porque mientras ellos son justificados, nosotras somos condenadas y crucificadas por lo corto del short, o lo profundo del escote.

Y ya que hablamos de crucificar no nos olvidemos de Jesús, María y José: la iglesia. La mano negra de Dios, la institución más genocida de la historia, la que decidió durante miles de milenios qué lugar nos tocaba ocupar en la historia, que nos obligó (y obliga) a creer, rezar y obedecer por miedo a un castigo divino. A ser políticamente correctas en nuestra forma de expresarnos de vestir y de SER. Definitivamente, no ser algo más que simples progenitoras de machitos que sirvan al imperio capitalista. La iglesia, que nos oprime, que nos prohíbe, que nos niega la libre elección de a quien amar, y de decidir cuándo, como, donde y con quién ser madres, esa iglesia nos está exterminando. Nos siguen matando.

La marcha sigue sin interrupciones, en ocasiones frenamos y el agite se potencia, mujeres cantando, bailando, todo un ritual. Seguimos. A nuestro alrededor se pueden ver mujeres solas portando carteles, apoyando y siendo parte de la movilización. Niñxs acompañando a sus madres, a sus hermanas, siendo parte de la transformación que ojalá ellos sepan llevar y transmitir a su generación. Niñas testigos de tal vez el aprendizaje más importante de sus vidas: que si se lucha se vence, se logra y se conquista. Que lo que está dicho no siempre tiene que ser, si no es justo. Y que la libertad en todas sus manifestaciones lo es todo y nadie jamás debe ni puede arrebatárnosla y si lo hacen se lucha, se vence, y se conquista!

Dijimos todo. El poder de la palabra es el más importante y el más fuerte. Marchamos, pisamos fuerte las calles, nos impusimos, gritamos con nuestra boca, con nuestros cuerpos, con nuestras banderas, gritamos y escupimos todo.

Las mujeres ya entendimos que nos quieren sumisas, entendimos que nos quieren silenciadas, entendimos que nos quieren obedientes, pero entre el “entender” y el “aceptar” hay una pequeña bifurcación y nosotras elegimos “entender” pero nunca, jamás aceptar.

Nos soltamos, adiós mochilas, nos arrancamos las cadenas, usamos escotes profundos, gritamos, puteamos, enfrentamos, decidimos no aprender a coser, elegimos sentir y disfrutar sin miedos, ni prejuicios, elegimos vivir nuestra vida, vivir libres, libre el alma, libre el corazón, libre el cuerpo, libre de elegir, de aceptar, de rechazar. Elegimos hacer de nosotras mismas lo que nosotras querramos. Elegimos ser las protagonistas de nuestra propia historia. Porque estamos más vivas y más fuertes que nunca, porque la revolución de hoy tiene aroma a mujer. Vamos a comenzar desde un nuevo punto de partida para transformar el futuro.

¡Vamos mujeres, a revirar la historia!

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