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16 marzo, 2017

Mujeres por el trabajo digno

Por Paula Montenegro

¿Podemos cambiar el lugar de la reunión? Mañana cortamos Puente Pueyrredón, venite y lo hacemos ahí– sugiere Mabel del otro lado del teléfono. Le digo que no hay problema y el encuentro que iba a tener lugar en su casa se reemplaza por una movilización.

Cerca de las 11 de la mañana del miércoles 15 de marzo me encuentro con Mabel en la primera fila de la movilización que corta la Av. Hipólito Yrigoyen mano a Capital. Sostiene un pasacalle que le cubre la mitad del cuerpo y que se rebela con el viento. “Nunca más hambre. Emergencia social YA!” tiene escrito, con letras azules desprolijas. Me saluda con una sonrisa y me indica que recién podremos hablar cuando estemos arriba del puente, ya con el tránsito cortado y las ollas del guiso comunitario frente a las cámaras de los muchos medios que se acercaron a cubrir la movilización. Durante ese mediodía Barrios de Pie junto a otros movimientos sociales cortaron los accesos a la Capital con ollas populares en medio del reclamo por la implementación de la Emergencia Social.

Cada vez son más los chicos y la gente grande que se acerca a los comedores, la comida no alcanza. La cosa está difícil– dice mientras apura el paso hasta frenarse a una treintena de oficiales de infantería que ordenan el corte.

Su nombre es Rita Mabel Carrizo, pero todos la conocen por Mabel. A los 35 años perdió el trabajo que tenía en una empresa de limpieza cuando ésta quebró con la crisis del 2001. Desde ahí no volvió a conseguir un trabajo estable, se las arreglaba limpiando casas para pasar la semana. La falta de trabajo y la necesidad la llevaron a acercarse a Barrios de Pie. Fue hace cuatro años cuando acompañó a una amiga a una movilización al Ministerio de Desarrollo Social, ahí la conoció a Norma, coordinadora de Barrios de Pie en Avellaneda. Ese día tomaron el ministerio en reclamo de alimentos para los comedores y merenderos que tiene la organización en los barrios. Fue su primera movilización. A los días Norma la inscribió en el Programa de Trabajo Autogestionado, empezó a cobrar un sueldo todos los meses y no se fue más.

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Dos años después de empezar a participar en la organización nació Mandarinas, la marca de ropa de Barrios de Pie que nuclea a 16 cooperativas textiles de la provincia. Mabel pasó a coordinar a las compañeras de la textil que funciona en Dock Sud. Cuando empezaron no tenían mucho, sólo las máquinas que el Ministerio de Trabajo entregaba como parte del programa de trabajo y algún que otro elemento. Nora y Sofía, las diseñadoras de Mandarinas, les entregaron tijeras, telas y les enseñaron a coser los diseños. Así arrancaron a producir.

Para Mabel ser parte de Mandarinas es una forma de pelear contra la desocupación, arrancaron con poco y nada y fueron avanzando hasta tener una producción propia, acorde a las necesidades del barrio. Los vecinos les hacen pedidos, ahora están confeccionando un vestido de fiesta, que es el primero que hacen y Mabel suspira esperando que salga bien. También los vecinos pidieron muchos guardapolvos, como en los negocios estaban muy caros ellas los vendían a menos de la mitad de ese precio para que todos lxs chicxs puedan tener uno.

A pesar de los pedidos, el trabajo no alcanza para sobrevivir. Los productos que venden en la feria de Dock Sud no logran generar una ganancia, los chalecos que solían vender a $150 hoy los tienen que vender a $60 porque tienen que acomodar los precios al bolsillo del comprador. Tampoco la plata alcanza para cubrir todos los materiales, hace unos meses con $1000 compraban dos rollos de tela, ahora con esa misma plata no les alcanza para uno. Mabel asegura que a pesar de las dificultades Mandarinas es una alternativa a la falta de trabajo.

Yo tengo 50 años, ya no me quieren contratar porque soy grande y ahora está todo mucho más difícil – cuenta.

Para el primer aniversario de Mandarinas tuvo que convertirse en modelo. Organizaron un desfile en un bar del Abasto donde las compañeras de la cooperativa fueron las modelos de la nueva colección. Eran las encargadas de lucir las prendas que ellas mismas habían confeccionado.

Me daba pudor pero había que hacerlo por la marca. La consigna de Mandarina es Mujeres reales, no esqueletos– suelta y se ríe.

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En la mitad del puente Pueyrredón, con el tránsito ya cortado y entre los gritos de protesta pero también de apoyo de algunos automovilistas, Mabel junto a dos compañeras intentan que el pasacalles se quede quieto detrás de la gigantesca olla de guiso de fideos que empiezan a repartir entre todxs lxs compañerxs.

La lluvia amenaza con caer sobre el puente, aun así Mabel parece disfrutar del corte.

Me gustan las movilizaciones– dice.

No recuerda una movilización que no le haya gustado, ni siquiera aquella movilización en donde los reprimió la policía federal. En el 2012 realizaron una consulta popular para saber cuáles eran las necesidades más urgentes en los barrios. El día que llevaron los resultados de la consulta al Ministerio de Desarrollo Social la policía los interceptó sobre la Avenida Córdoba y los reprimió, dos compañerxs fueron detenidos y varios heridos.

Yo me quedé ahí. Nos plantamos y nos quedamos ahí, acompañando a la gente que estaba lastimada, obvio-.

Mabel dice que se acercó a Barrios de Pie por una necesidad pero asegura que hoy se queda por amor.

Antes odiaba la política pero este movimiento es otra cosa, es más allá de lo político, es un trabajo social para la gente que lo necesita. Eso es lo que a mí me gustó, están mucho con la gente que necesita. Todos acá tienen un plan de 1200 pesos, no llegas ni siquiera a la primera semana con esa plata pero es el amor al movimiento lo que te hace quedarte-.

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No tiene un comedor comunitario en su casa no porque no quiera sino porque es muy chica. Vive en una casa con dos piezas en Villa Inflamable junto con sus dos hijxs. El mayor de 28 años hace poco volvió a vivir con ella junto a su mujer y su hija porque se quedó sin vivienda y sin trabajo.

Oriunda de Laferrere, a los 19 años se fue al barrio de Avellaneda cuando se casó allá por el año ’86. Trece años después se separó de su marido pero se quedó a vivir ahí. El barrio es muy humilde, no tiene red cloacal ni agua potable por la contaminación que producen las petroquímicas. A pesar de eso en los últimos meses cada vez más gente fue a vivir al barrio, tomaron unos terrenos y se armaron unas casillas de chapa. En el comedor que está a una cuadra de su casa cada día se acercan más chicxs y gente grande a pedir un plato de comida. Ella suele dar una mano, para el día del niño o Reyes cosen las bolsitas para llenar de caramelos junto con sus compañeras, así al menos los chicos reciben un regalo.

En ese comedor, que en realidad es el Centro Comunitario Arcoiris, funciona el taller textil de Mandarinas. Fue el primer comedor que tuvo Barrios de Pie en Avellaneda.

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Del guiso sólo quedan unos fideos pegados en el fondo, ya pasaron cuatro horas de corte y los militantes empiezan a desconcentrar. Queda esperar la respuesta del gobierno nacional al pedido realizado. Mabel enrolla el pasacalles y le da una mano a Norma para cargar las ollas. Hay que volver a Villa Inflamable. En estos días terminarán una parte de la producción que venderán el jueves en la feria. Venden al mínimo precio para que pueda salir el producto y con lo que ganan sólo pueden volver a comprar los materiales para el próximo encargo. Igualmente no se resigna y sueña con lo que sueñan todos lxs trabajadorxs: que su marca sea conocida y poder vivir de su producción.

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