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Revista feminista y popular

Relatos

7 marzo, 2017

El relato de Johanna

Por Revista Reviradas

Johanna estaba en Merlo junto a su pareja yendo a visitar a unos familiares. Iban en la moto sin notar que detrás de ellxs se encontraba una camioneta color bordó y en ella iban tres hombres, que lxs venían persiguiendo y acosando verbalmente.

Primero gritaban obscenidades indescriptibles, hasta que en un momento, por el semáforo en rojo, la moto frena, al igual que la camioneta. Entonces los tres varones aprovechan para continuar agrediendo y amenazando a la pareja que venían ignorando su presencia. Entre las agresiones gritaban:

¡Date vuelta puta! ¡Lo vamos a cagar a palo a ese gil!

Johanna bajó de la moto, se acercó a la camioneta y les pidió que se vayan y dejen de molestarlxs. Pero le dijeron que se suba a la camioneta y que deje de hacerse rogar. Entonces ella golpeó la camioneta con el casco de la moto, que llevaba en la mano, y pidiendo que dejen de acosarla. Uno de los varones se bajó la camioneta enceguecido y, sin dudar, la golpeó fuertemente en la cabeza con dos piñas. Después fue a buscar al novio, que había bajado de la moto, y comienzan a golpearse.

El conductor de la camioneta simplemente observaba la situación, y Johanna, al ver que estaban golpeando a su pareja, se colgó encima de uno de ellos y terminó en el piso, y arrastrada por el pavimento unos cuantos metros.

La esquina de 25 de mayo y Etcheverry se convirtió en un verdadero circo y la gente empezaba a intervenir en la situación, intentando defender a Johanna, quien logró soltarse del agresor y empiezó a correr. Logró entrar en un negocio de zapatos, pero la dueña del local le pidió que se vaya: “Salí nena, me va a romper todo el local”, dijo.

Uno de los hombres, al ver que Johanna entró en el local, agarró una botella de vidrio, la rompió y la va a buscarla, gritando “te voy a matar”. Pero interceptaron tres personas que estaban observando la situación e impiden que la lastime.

La gente, desesperada, empiezaba a gritar que “llamen a la policía” y uno de los agresores huye. Mientras tanto, los otros dos rompían botellas y continuaban peleándose con personas que habían intervenido en la situación para ayudar a la pareja, hasta que el agresor toma un fierro con punta para defenderse.

Al cabo de unos minutos, llegó la policía y detuvo a los dos varones. La ambulancia se llevó a uno de los agresores y el otro fue a declarar a la comisaría. Las víctimas se dirigieron también a la comisaría para hacer la denuncia.

El comisario a cargo le tomó la denuncia por “agresiones leves”, minimizando el problema del acoso sexual. De hecho no le permitió hacer la denuncia y opinó que “no es nada lo que tenés”, mientras miraba el rostro y el brazo pelado de Johanna. Inmediatamente llegó la familia del agresor y entró al despacho a hablar con el comisario. Al rato salen conversando amigablemente, como si se conocieran, y se escuchó decir al policía “no te preocupes, no va a pasar nada”.

Fue así como el agresor se retiró con las manos limpias. La impunidad y la complicidad de las instituciones policiales que pasaron por alto este hecho de violencia de género, una vez más, es alrmante.

¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta que se hace Johanna, que cada día lucha por acabar con todo tipo de injusticia y desigualdad. Ella sabe que la respuesta está en continuar luchando día a día para terminar con la violencia patriarcal y machista.

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