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Revista feminista y popular

Relatos

7 marzo, 2017

Dejame caminar en paz

Por Revista Reviradas

Tenía trece años cuando caminaba hacia la escuela para cursar mi segundo año de secundaria. Tenía una esquina predeterminada en la que siempre me juntaba con mis amigas, para llegar juntas. Esa esquina estaba a solamente tres cuadras de mi casa, esas cuadras que ya te sabes de memoria de tanto caminarlas. En ese trayecto me siguió un auto feo, viejo, que hacía un ruido espantoso, pero que no me impidió escuchar cómo el conductor me gritaba que me levantaría la pollera del uniforme. Fue una cuadra eterna, larguísima, y todavía faltaban dos cuadras para llegar a mis amigas. Caminaba con la cabeza para abajo mirando al piso y sintiendo vergüenza. Desde el auto me preguntó si quería que me lleve. “Mamita”, me dijo. Yo no contestaba, tenía miedo. Después de eso el auto aceleró hasta la esquina. Me quedé quieta media cuadra antes y desde lejos vi que el hombre se bajó, se masturbó, se subió al auto y se fue. Todo pasó en cinco minutos pero, si bien ya pasaron unos cuantos años, me sigo acordando de esos interminables cinco minutos, esas tres cuadras extensas, y ese miedo que me hacía temblar las piernas. Me da vergüenza contarlo, ¿y por qué soy yo la que la siente?

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